Los celos, que todos hemos
experimentado alguna vez, son sólo la reacción que mostramos cuando tenemos
miedo a perder el afecto o atención de la persona que queremos y por ello nos
volvemos posesivos con ella. Ese miedo surge tras compararnos con otra persona
como rival y valorarla mejor que a nosotros mismos. Estas diferencias pueden
ser reales o imaginarias, pero lo importante es la forma en la que las
percibimos: como una amenaza. Es decir, en el ámbito de la pareja, los celos
son el mecanismo de defensa que ponemos en marcha ante la amenaza de perder una
relación interpersonal importante para nosotros.
La base que
sustentan los celos suelen ser creencias irracionales formadas por inseguridades
y una baja autoestima.
Así, será bueno
trabajar con estrategias que aumenten la autoestima, como por ejemplo pensar y
apuntar todas las cualidades que tengo que me hacen especial, de manera que,
además de valorarnos más a nosotros mismos, descubriremos aspectos positivos
que poseemos y no conocíamos. De este modo, cuando nos enfrentemos a una
situación que nos pone celosos y que nos genera ansiedad ante la amenaza, podremos
tener una visión más positiva de nosotros. Esta estrategia sirve para detener y
cambiar el pensamiento y disminuir con ello la ansiedad ante la situación.
Cuando nos referimos a una visión positiva de nosotros mismos incluimos
nuestras virtudes y también la aceptación de nuestras carencias como parte de
un proceso de desarrollo personal. Es decir, no se trata de una percepción ingenua
basada sólo en lo que consideramos cualidades, sino en una imagen más realista
e integradora de nosotros mismos.
La realidad es que
todos en mayor o menor medida somos celosos. La diferencia entre unas personas
y otras, es la capacidad para sobrellevarlos y la intensidad o malestar que nos
producen. Estas características distinguirán los celos sanos o racionales (miedo
a que se rompa la relación pero no generan un malestar intenso) de los
patológicos o irracionales (gran malestar asociado a sentimientos de hostilidad
e inseguridad porque exigimos interés absoluto hacia nosotros). Estos últimos,
suelen ser destructivos para la relación porque se limita el espacio de
actuación del otro de forma excesiva. Van en aumento, lo que antes me hacía
estar tranquilo (por ejemplo “cotillear” el móvil) ahora es insuficiente y
necesito hacer algo más (por ejemplo tener las contraseñas de las redes
sociales).
Se puede dejar de ser celoso patológico
cambiando las creencias irracionales aunque se necesita esfuerzo, tiempo y
compromiso. En muchos casos, es preciso buscar ayuda psicológica.
Lo cierto es que, en contra de los mitos, los
celos apagan el amor y debilitan la relación. Por ello, es importante aprender a vencerlos para poder
disfrutar de relaciones más felices y saludables. Partiendo desde la confianza
como base de un amor en expansión.
Alicia
García Cebrián
Un
hombre me confesaba en consulta que se sentía terriblemente angustiado. Llevaba
siendo infiel a su mujer desde hacía seis meses. No sabía que hacer. El la
había querido mucho y se caso con ella completamente enamorado. Pero desde
hacía un año comenzaron a tener problemas sexuales, habían perdido el deseo
sexual y no lograban recuperarlo. Al cabo de un tiempo, conoció a una mujer que
provocaba en él un deseo sexual y una atracción que, según él, nunca antes había
conocido. En el momento de venir a terapia se siente confuso. Sabe que aún
quiere a su mujer y cree que podría tratar de recuperar la relación. Pero me
comenta: “si dejo de ser infiel y no estoy satisfecho con mi mujer, temo que
pasado un tiempo vuelva a estar en la misma situación”.
Frank
Pittman asegura, en su libro Mentiras privadas,
que la infidelidad es la experiencia más temida y más devastadora en una
pareja. De hecho, es la causa de divorcio mundialmente más aceptada. Pero, ¿por
qué sucede? ¿Somos infieles por naturaleza? ¿Es el matrimonio meramente una
quimera? ¿Son nuestros instintos los que nos llevan a ser infieles?
Se
habla poco sobre la infidelidad, quizá por miedo o por desconocimiento. Parece
que es un tema del que no se quiere saber y que si existe -y desde luego
existe-, se prefiere no conocer. La realidad es que son muchas las personas que
acuden a consulta con preguntas de este tipo. Por eso, creo conveniente, en
esta ocasión, una reflexión más profunda y esclarecedora.
Voy
a tratar cinco mitos sobre la infidelidad:
La infidelidad se produce porque un
matrimonio tiene problemas.
Si
pensamos que la pareja es aquella que debe suplir todas nuestras necesidades y
responder a todas nuestras expectativas, no importa con cuantas personas
estemos, todas serán relaciones de frustración y continua tensión.
Si
ser infiel es el resultado de los problemas en la pareja, entonces, todos
aquellos que tengan problemas en su relación serían infieles. Pero no es así.
La infidelidad se puede producir cuando un matrimonio tiene problemas, pero
esta decisión empeora, y no mejora, una relación.
Cuando
uno se siente insatisfecho tiene varias opciones: tratar de solucionar los
problemas por sí mismos; pedir ayuda, quizá terapia de pareja; o incluso
abandonar la relación y comenzar una nueva.
No es natural estar en pareja.
La
pregunta que les haría a quienes piensan así es ¿por qué se comprometen? Cuando
aceptamos un compromiso de relación sea como novios, pareja de hecho o
cónyuges, estamos aceptando una relación exclusiva con esa persona y excluyente
de otras. El problema de la infidelidad no es una cuestión de naturaleza sino
de elección y traición. La infidelidad consiste en que yo asumo un compromiso
de estar con un hombre o una mujer y lo traiciono con otra persona.
En
cualquier otra área de la vida y de las relaciones entendemos que las traiciones
son perjudiciales y evitables. Pero parece que cuando hablamos de amor o sexo
la traición se relativiza.
No se puede luchar contra los impulsos, no
se puede evitar ser infiel.
Por
supuesto que sí, de lo contrario no nos serviría de nada tener voluntad y
razón. De hecho, cada día tenemos impulsos y no siempre nos dejamos llevar por
ellos. Por ejemplo, uno puede sentir la necesidad imperiosa de comer una tableta
de chocolate, todos los días, y si no lo hace es porque valora otras razones
por encima de sus deseos. Podemos tener el impulso de agredir a un jefe
autoritario y no lo hacemos (por lo general), porque pensamos en que las
consecuencias de ese acto no son deseables. Es decir, cada día nos vemos en la
tesitura de decidir, de valorar las consecuencias de nuestros actos a corto y a
largo plazo. Somos seres volitivos más allá de tener instintos o deseos. El
instinto o el deseo sexual puede ser una justificación válida para muchos sobre
la infidelidad, pero no es una explicación real ni suficiente, porque no se
tienen en cuenta otros aspectos del ser humano.
La monogamia es antinatural y por eso se
produce la infidelidad.
La
infidelidad en la relación amorosa no es tanto una cuestión de monogamia o
poligamia. En las culturas polígamas también se considera infidelidad la
relación sexual o amorosa que se establece con miembros externos a los que han
sido previamente acordados. La infidelidad consiste por lo tanto en romper el
acuerdo que se ha establecido en la relación amorosa traicionando la confianza
de ésta.
Las secuelas inevitables de una “aventura”
son el divorcio o la separación.
No
necesariamente. La infidelidad, una vez descubierta, genera una crisis de
pareja. Con las crisis se puede empeorar como matrimonio, pero también se puede
mejorar si se quiere y se sabe cómo. Se trata de superar los problemas que ya
se tenían antes más los nuevos que se han creado. Se trata de aprender a
perdonar y a reconstruir la confianza.
Nunca
está todo perdido cuando dos personas que se aman deciden aunar esfuerzos y, si
lo necesitan, buscar la ayuda de un especialista. Siempre se puede mejorar,
siempre se puede aprender, siempre se puede escoger. Ser o no ser fiel es una
cuestión que se responde desde la voluntad.
Espero que la reflexión haya servido. Para cualquier duda o comentario
puedes escribirme a: info@unidaddeterapiasexualydepareja.com
Una reflexión sobre el amor y las relaciones de pareja.
Por Anna Isabel Gil
Wittke.
Una
mujer me decía, después de más de 20 años casada, “Yo le digo lo que me gusta y
lo que no, y él parece que se esfuerza por un tiempo en complacerme, pero al
final acaba desistiendo y vuelve a ser igual. Así que me he dado cuenta de que
él no es como yo pensaba. Ya no sé si le quiero porque después de tanto
intentarlo ya no sé lo que siento”.
Este
es el relato que escucho, de una u otra manera, de forma repetida tanto por
hombres como por mujeres. Las rupturas están cargadas de razones y culpas sobre
el otro y las reconciliaciones, muchas veces, se basan en condiciones para el
cambio. Todo esto me lleva a reflexionar sobre si el problema de una pareja es
realmente aquello de lo que se quejan o si es algo más profundo. Me refiero a
que quizá, el “quid” de la cuestión esté en la forma de concebir la relación,
es decir, en la forma de amor.
Cuándo
hablamos de amor, ¿qué es lo que queremos decir? ¿cómo lo llevamos a la
práctica? ¿Cómo amamos? Amamos desde nuestra necesidad, amamos desde lo que
esperamos, amamos demandando. En otras palabras: “te amo porque creo que tú me
vas a hacer feliz”. Cuando esto no sucede, nos sentimos decepcionados casi estafados.
Es como, si en nuestro concepto de amor, nos hubiéramos vuelto tan hedonistas
que no contemplásemos ni tolerásemos el sufrimiento o la decepción.
Es
entonces cuando uno se da cuenta de que el amor que se profesa es, muchas veces,
un amor completamente egoísta. Nos fijamos en cómo nos sentimos nosotros para
realizar un balance de la relación. De algún modo es como si todo girase en
torno a uno mismo y la pareja se convierte en un elemento de apoyo para lograr
la satisfacción personal.
En
realidad, cuando se ama a alguien por lo que se espera y no por lo que verdaderamente
es, no se ama realmente a la otra persona. Se ama lo ideal pero no lo real. Lo
ideal nos ilusiona, nos hace felices, pero lo real nos duele o nos molesta. Por
eso nos cuesta deshacernos de nuestras exigencias que provienen de nuestras
expectativas y de nuestras carencias. Nos empeñamos en buscar un culpable de
nuestra frustración. Asumir que podemos mejorar nuestra relación con el otro desde
nosotros mismos es el primer paso para el cambio. Mientras sigamos esperando a
que nuestra pareja cambie o se convierta en lo que deseamos, seguiremos
estancados en una relación de frustración. Y quizá seguiremos amando de un modo
egoísta, pendientes de cómo nos hacen sentir y de lo que recibimos en lugar de
dar.
Por
eso, mi propuesta para San Valentín es que sea un día donde uno comience el
cambio por si mismo, y que mañana lo continúe. Pues el esfuerzo sin constancia
no nos dará resultados. Así, podemos
empezar por cambiar nuestra forma de amar, por hacerla más real, más auténtica
y más flexible. Quizá de ese modo descubramos que la relación de pareja que
avanza es aquella que se enfoca al desarrollo y el aprendizaje.
De algún
modo, las personas son un conjunto en el que se incluyen carencias y
fortalezas. No podemos amar verdaderamente a alguien si no aceptamos sus
carencias y no sólo sus fortalezas. Por eso, amar comienza por aceptar sin
intentar cambiar, y esto es un desafío que nos invita a amar de un modo real y
no con condiciones. Es fascinante saber que somos capaces de grandes cambios sí
comenzamos por nosotros mismos, asumiendo nuestra responsabilidad y, a la vez,
nuestro potencial.
Así,
en lugar de decir “Te quiero si eres como quiero”, podremos decir “ te quiero
aunque no tengas todo lo que quiero…aún así, te quiero”.
¡Feliz
San Valentín!
Para cualquier consulta puedes escribir a
info@unidaddeterapiasexualydepareja.com
Estar
en pareja no siempre es fácil, pero menos fácil lo es cuando la crisis toca las
puertas de nuestro hogar. Ya lo dice el refrán, “cuando la pobreza entra por la
puerta, el amor salta por la ventana.” Parece que la escasez económica es
sinónimo de escasez amorosa, y que uno, no sólo se encuentra con dificultades
para encontrar o mantener un trabajo, sino para mantener una relación afectiva
a pesar de los problemas. Puede que con dinero se cubran fácilmente muchos de
los problemas del día a día, pero ¿se solucionan estos problemas, o más bien se
trata de una “tapadera”?
Son
tantas las parejas que me explican cómo, desde que las cosas les van peor
económicamente, su relación de pareja esta en crisis. Incluso he llegado a
escuchar la asociación “por culpa de la crisis nos vamos a separar”. Uno se
pregunta qué hay de cierto en todo esto, ¿acaso tendrá la crisis el poder de
destruir una relación?
Creo
que las parejas pasan por situaciones que prueban la consistencia de una
relación. Desde luego la crisis podría ser una de esas situaciones. Pero no es
el factor externo el que empeora la dinámica de una pareja, ni mucho menos lo
que la rompe. Si fuera la crisis la que destroza una relación, todas las
parejas que están siendo afectadas se romperían. Esto no sólo no es así, sino
que hay personas que están fortaleciendo sus lazos afectivos a pesar de una
precaria situación económica. Se trata más bien de la forma de enfrentarse a
los problemas lo que determina las consecuencias que estos tendrán para
nosotros.
Toda
nueva situación requiere una adaptación, un ajuste de expectativas, objetivos y
acuerdos. Si antes los dos trabajaban, y ahora sólo uno de ellos lo hace, será
necesario entender que la persona que se está quedando en casa sigue siendo
útil y aporta una parte importante en la convivencia diaria. Otro ejemplo, si
antes salíamos a cenar todos los fines de semana y de ese modo nos comunicábamos más y nos
sentíamos más unidos, ahora, puede que tengamos que reubicar ese momento de
comunicación en una actividad que no implique el mismo gasto de dinero. Es
decir, es imprescindible adaptarse para poder seguir avanzando juntos.
El
amor puede encontrar una vía de crecimiento cuando vienen los problemas, cuando
no es fácil, cuando requiere esfuerzo. Si un matrimonio ya tenía grietas en la
relación, con la crisis se puede resquebrajar. Sí que puede influir pero no es
nunca la causa directa. Quizá, necesitemos recordar que todos somos
responsables de nuestras conductas, seres volitivos. Y que, si queremos que
nuestra relación funcione a pesar de los problemas, tenemos que asumir una
parte de esa responsabilidad y enfocarnos en buscar soluciones, y no tanto
culpables del estado de la relación. Siempre podemos hacer algo, y cuando no
hacemos nada, ya estamos haciendo algo. Por eso necesitamos reaccionar con
motivación y esperanza para reponer nuestra relación con una perspectiva de
equipo que lucha por superar los obstáculos.
Si
hay objetivos, hay proyección. Y, si hay proyección, habrá esperanza.
¿CÓMO RESOLVER LOS PROBLEMAS CON NUESTRA PAREJA?
lunes, enero 14, 2013 Author: unidad de terapia sexual y de pareja
Tengo el placer de presentaros a Alicia García Cebrián, que es psicóloga y compañera de practicas de la Universidad de Murcia. Está colaborando con nosotros en la sección de artículos, de talleres y de la Radio Online de Murcia. Creo que el artículo que escribe os va a resultar tan útil como interesante.
¿CÓMO RESOLVER LOS PROBLEMAS CON NUESTRA PAREJA?
Pues bien, esta es una
pregunta que todos solemos hacernos cuando discutimos con nuestra pareja muy
frecuentemente sin saber muy bien el porqué.
Siempre
solemos centrarnos en el causante del conflicto, si ha sido culpa mía o suya,
pero hay algo que debemos tener muy claro,
no hay un sólo culpable, esto me recuerda una famosa frase que todos
conocemos “dos no discuten si uno no quiere”, es decir, cuando formamos una
pareja la conducta de uno de los miembros de la díada va a influir en el
comportamiento del otro y viceversa, es decir, si le hablo mal a mi pareja, esta me
contestará mal a mí también y así aumentara la escalada de conflicto. Con todo
esto se refleja que somos interdependientes y responsables de la actitud de
nuestra pareja.
Por
tanto, no debemos centrarnos tanto en buscar un culpable (que suele ser el
otro) para sentirnos bien con nosotros mismos, si no en las soluciones, es
decir, en qué cosas debemos cambiar para que los conflictos no ocurran de ese
modo y sepamos afrontarlos eficazmente.
Uno
de los cambios que suelen ser muy productivos en estos casos es disminuir los
intercambios negativos con nuestra pareja y aumentar las conductas positivas
para no centrar la atención solamente en los aspectos negativos de la relación,
y darnos cuenta así de todas las conductas agradables que nuestra pareja hace
por nosotros y valorarlas, como por ejemplo cuando nos pregunta ¿qué tal el día? Como una muestra de
interés que brinda la oportunidad para un intercambio de vivencias.
Otro
elemento que cobra gran importancia a la hora de abordar un problema es la
habilidad para comunicarnos, tanto para expresar un determinado mensaje de
forma correcta, concreta y sin ofender, como para recibirlo adecuadamente a
través de la escucha activa, sin realizar interpretaciones o inferencias de él .
Por
último, no hay que pasar por alto el gran valor que tiene en el diálogo y sobre
todo con nuestra pareja, el expresar los sentimientos, deseos o necesidades para
que ésta se ponga en nuestro lugar y conozca lo que sentimos y necesitamos en
cada momento sin pretender que lo adivine. Es decir, no esperar a que el otro
adivine lo que te pasa sino expresarlo de forma abierta y positiva.
Todo
esto invita a la reflexión sobre la utilidad y relevancia que juegan estas
habilidades tanto en la resolución de los problemas como en el curso y
continuidad de la relación.
Problemas
sexuales: ¿por qué se producen?
En ocasiones, al igual que en cualquier otro aspecto de la
vida y de las relaciones, en la sexualidad pueden encontrarse ciertas
dificultades que impiden que la experiencia se viva de forma plena y positiva. La
respuesta sexual de toda persona se caracteriza por las siguientes fases:
deseo, excitación, orgasmo y resolución. Cuando se altera alguna de estas fases
de forma repetida hablamos de disfunción sexual.
¿Cuándo aparecen?
Las disfunciones sexuales pueden aparecer desde el comienzo de la experiencia sexual de un
individuo, por ejemplo: vivir todas las relaciones sexuales eyaculando rápidamente
y sin poder controlarlo (eyaculación precoz). Pero también puede darse el caso
de que alguien goce de una sexualidad satisfactoria y, en un determinado
momento de su vida, experimente alguna alteración en su propio funcionamiento,
por ejemplo: una mujer que vivía el sexo con intensidad puede perder el deseo
por éste (deseo sexual hipoactivo).
¿Cuáles son las causas?
Los problemas en la conducta sexual pueden ser causados por
dos factores: de índole psicológico o físico. Estos pueden darse juntos o de
forma independiente. En caso de sufrir alteraciones a nivel físico es necesario
que sea el profesional de la medicina el que intervenga. Cuando se trata de
factores psicológicos es el psicólogo-sexólogo el que ofrecerá el tratamiento
más acertado. Cuando se trata de factores combinados, se debe de contemplar un
tratamiento que también integre los aspectos psicológicos y físicos.
La mayor parte de las disfunciones sexuales tienen los
mismos factores psicológicos en común. Por ello es común encontrar cómo una
disfunción puede derivar en otra, ya que son respuestas físicas que responden a
un mismo mecanismo. Por ejemplo, aquel que tiene eyaculación precoz puede
sufrir de una disfunción en la erección (conocido también como impotencia), o
la mujer que tiene dificultades para lograr la excitación, puede desembocar en
vaginismo (imposibilidad de penetración).
“La ansiedad por un buen rendimiento” o el “miedo al
fracaso” son las más potentes causas psicológicas por las que se produce y
mantiene una disfunción. Se trata de ansiedad. La ansiedad activa todo un
mecanismo para proteger al organismo de un peligro. En este sentido la ansiedad
es útil y necesaria. Por ejemplo, si un león me persigue, interpretaré que mi
vida corre peligro. De este modo, mi cerebro activará una señal de alarma (la
ansiedad) que pondrá todos mis recursos a la máxima potencia, el corazón
bombeará más sangre (palpitaciones), la sangre se concentrará en los órganos
vitales (por eso se experimenta un hormigueo en las extremidades), la
respiración se acelerará y, como consecuencia de toda esta activación, correré
más deprisa, con suerte subiré un árbol y quedaré a salvo. Todo esto ante un peligro
real es sano y tiene una función: protegernos. Pero, cuando no existe peligro, provocamos
un desgaste innecesario y además interpretamos de forma negativa y catastrófica
nuestra reacción. Es decir, si tengo todos estos síntomas pero no hay un
peligro real y externo, tengo la “sensación” interna de que algo malo me esta
pasando y de que “me va a dar algo”. Digamos que esto es lo que sucede en un
ataque de ansiedad o, en menor escala, en cualquier situación donde sentimos
que nos ponemos muy nerviosos.
Y es precisamente esta activación de la señal de alarma la
que hace que nuestro cuerpo no se relaje y disfrute de la experiencia sexual.
Cuando el sexo se convierte en un examen donde voy a “ver si lo hago bien” o “demostrar
que puedo”, se convierte en una situación de “peligro” para la autoestima, la
valoración personal. Por no hablar de cuando uno siente que si el sexo no
funciona bien la relación se va a romper. Cuanta más responsabilidad se perciba
en la relación sexual, más probabilidades de fracaso habrán y más fácilmente se
producirá la activación de la ansiedad.
Disponemos de dos sistemas opuestos que no pueden estar
activos a la misma vez: el sistema nervioso simpático y el sistema nervioso
parasimpático. El sistema nervioso simpático es el que se activa con la
ansiedad. Lo que sucede en la ansiedad es que toda la actividad se queda sin
control racional, es decir, me dejo llevar por las emociones. Este sistema
sigue la regla de “todo o nada”, es decir, si se activa, se activa por completo
con una serie de síntomas a la vez. ¿Cómo salir de este estado? Activando el
sistema opuesto, es decir, el sistema nervioso parasimpático que es el estado
en el que podemos disfrutar de la relajación. Los tranquilizantes lo que hacen
es acelerar el proceso de la activación del sistema nervioso parasimpático.
Sólo con el fármaco se logra romper el proceso de forma puntual, pero no se
aprende a controlar y a romper el círculo vicioso en el que nos vemos envueltos
una y otra vez ante determinadas circunstancias.
¿Cómo se puede
mejorar?
Entendemos que es necesario estar en un estado de cierta
relajación para poder sentir placer y disfrutar de la experiencia sexual. Por
ello, ante los problemas sexuales hay que observar la forma en la que estamos
viviendo la experiencia sexual. Si anticipamos que va a ser dolorosa,
frustrante, que “lo vamos a hacer mal”, etc., nos expondremos a activar todo
nuestro mecanismo ansioso y puede que nuestros miedos sean confirmados. La
forma de salir de este círculo es la de reinterpretar la experiencia sexual de
un modo positivo y no con exigencias. Precisamente este es uno de los aspectos
que le dan facilidad de éxito a la terapia sexual.
¿Cuáles son las
disfunciones sexuales?
Y por último un listado de las principales disfunciones
sexuales que se pueden tratar:
- Disfunción eréctil: Imposibilidad para lograr y/o mantener la erección del pene hasta el final de la actividad sexual.
- Eyaculación precoz: Incapacidad para controlar el reflejo eyaculatorio, produciéndose éste antes de lo que la persona desea.
- Eyaculación retardada: Dificultad para provocar el orgasmo con la suficiente estimulación. Éste no se produce y si lo hace es de forma tardía.
- Vaginismo: Espasmos musculares en la vagina que imposibilitan la penetración.
- Dispaurenia: Dolor o molestias asociadas a la relación sexual. Puede ser una molestia leve o un dolor profundo, se da tanto en hombres como en mujeres.
- Trastorno orgásmico o anorgasmia: Incapacidad para alcanzar el orgasmo siendo suficientemente estimulada.
- Trastorno de la excitación sexual: Dificultad para sentir excitación.
- Deseo sexual hipoactivo: Bajo o nulo deseo de actividad sexual.
- Aversión sexual: Desagrado y aversión hacia las relaciones sexuales.
Espero haberte ayudado, si deseas más información puedes
escribir a: info@unidaddeterapiasexualydepareja.com.
Los ingredientes del amor:
¿Cómo se construye el amor?
El
psicólogo Sternberg, en 1986 creo una teoría sobre el amor a la que llamó: “el
triángulo del amor”. Me gusta como se explica de este modo los componentes del
amor en lo que a una relación de pareja se refiere. De hecho en terapia de
pareja suelo explicar estos elementos como una forma de revisión de la propia
relación y de comprender la implicación del amor como algo más que
enamoramiento.
El
amor tiene tres vértices: la intimidad, el compromiso y la pasión.
La intimidad es
la disposición a comunicarse con la otra persona y tener cercanía. También
tiene que ver con revelarse a uno mismo frente al otro y de exponerse en
sinceridad. Una pareja que sólo tiene intimidad disfrutará de una amistad pero
no tiene la exclusividad y pasión que completan el amor de la relación de
pareja.
La pasión es la
proyección de deseo afectivo, sensual y sexual. Incluye el sentirse deseado y
atractivo para la pareja. La pasión se expresa con gestos, palabras y
comportamientos. La pasión suele ser el componente que distingue a la relación
como algo más que una amistad. Es el ingrediente que, por lo general, es más
intenso al inicio y se estabiliza conforme avanza la relación. No obstante, la
pasión puede sufrir variaciones, puede aumentar o disminuir según factores
internos y externos. Sternberg decía que aquellos que sólo tienen pasión es su
relación tienen un “encaprichamiento” de corta duración. Con esto se entiende
que la pasión aporta intensidad a una relación, pero se necesita la intimidad
para comunicarse y el compromiso para proyectarse.
El compromiso es
el acuerdo entre dos personas de mantener la relación a lo largo del tiempo.
Tiene mucho que ver con la exclusividad y la dedicación con una persona. Hay
varios tipos de compromisos según el tiempo y la implicación. Para su
desarrollo es importante una percepción equilibrada entre costes y beneficios,
es decir, entre lo que uno da y recibe del otro. Esto es subjetivo y tiene que
ver con las expectativas de su mantenimiento, por ejemplo: “siento que lo que
doy es valorado y que va a seguir siendo así”. El compromiso es el elemento que
más lentamente crece en nuestra cultura. El compromiso tiene que ver con la
decisión más que con un sentimiento. Es el camino que se traza para mantener
con el paso del tiempo la intimidad y la pasión.
La
reflexión que os dejo hoy va encaminada a conocer el tipo de relación que se
tiene y a proyectarse hacia lo que se quiere. Creo que nunca se tiene una
relación 100% plena durante mucho tiempo, sino que hay aproximaciones y que lo
importante es saber que uno se acerca hacia sus objetivos disfrutando el
camino.
Para
terminar algunas pautas que pueden ayudar al desarrollo de cada ingrediente en
la relación explicadas brevemente:
Intimidad:
1.
Comunicación sin exigencias y sin reproches: Por
ejemplo hablar sobre algo que los dos disfrutan, enfatizar lo positivo del
otro, etc.
2.
Tiempo de ocio juntos: Cuando disfrutamos de
actividades placenteras juntos tenemos la posibilidad de seguir creando
recuerdos positivos juntos.
Pasión:
1.
Expresar afecto con palabras y contacto físico
como abrazos, caricias, etc.
2.
Crear espacios para encuentros íntimos,
expresando el deseo. Por ejemplo, cena, masajes, comunicación de fantasías,
recordar momentos especiales, realizar una escapada, etc.
Compromiso:
1.
Perspectiva positiva de la relación: expresar
planes a corto y a largo plazo, recordar porque se quiere a la pareja, etc.
2.
Crear símbolos que signifiquen momentos
especiales y que recuerden el compromiso. Por ejemplo: una vez al mes ir a un
lugar especial, crear un álbum de fotos, una caja de recuerdos juntos, una
actividad en pareja, etc.
Construir
el amor es un trabajo en equipo con responsabilidades compartidas. Cada uno
podemos hacer la nuestra. Sobre aquello que hoy nos gusta en nuestra relación,
podemos realizar acciones para que se mantenga, por ejemplo actos de valoración
o gratitud. Sobre aquello que nos disgusta podemos también realizar el esfuerzo
de buscar el cambio en equipo. Esta diferencia es más posible cuando logramos
identificar hacia donde nos queremos dirigir.
La
relación amorosa es dinámica y transformable. El amor se construye cuando de
forma consciente y coherente dirigimos nuestras conductas, proyectamos nuestros
sentimientos y enfocamos nuestros pensamientos a un aumento de la intimidad, la
pasión y el compromiso.
Mi
problema es que siempre he sido eyaculador precoz, sólo he conocido a mi mujer
con la que llevo casado 27 años. Esto ha hecho que mi autoestima baje y que yo
no me sienta suficiente para ella. Ella dice que no importa pero yo creo que
si. Me he llegado a preguntar si quizá se trata de un problema de pareja. Si
probara con otras mujeres quizá me daría cuenta y podría solucionar mi
problema. Aún no lo he hecho porque se que eso afectaría a mi mujer y yo la
sigo queriendo a ella. ¿Qué puedo hacer? ¿Es demasiado tarde para curarse?
¿Crees que es por no haber tenido más experiencia sexual antes?
La
eyaculación precoz no depende de si pruebas con otras mujeres sino de que tú mismo distingas tus señales de excitación y sepas prolongar el tiempo de
llegada al orgasmo. Si pruebas con otras mujeres puede que el problema se
mantenga o desaparezca con ellas. Si desaparece probablemente se deba a que no
te sientas exigido o demandado por ellas ya que no se trata de tu propia
relación de pareja. Es decir el problema persistiría con tu mujer de la que si
te importa la evaluación.
Nunca
es tarde para aprender y por eso no creo que sea tarde cambiar la conducta
sexual ya que es una cuestión de aprendizaje. Tampoco creo que la experiencia
previa hubiera cambiado tu situación actual. La experiencia en si no es la
clave, más bien se trata del tipo de experiencia. A veces tener más experiencia
puede significar emporar el problema si no se sabe como hacerlo. Por ello te
recomiendo que puedas acudir a consulta.
La
terapia sexual para la eyaculación precoz es muy completa. Es una ayuda
profesional para saber como dar pasos de éxito y no cronificar la disfunción.
La idea es lograr pautas a través de las cuales logres relajarte, no sentirte
evaluado sino verte a ti mismo competente y capaz. Para ello se trabaja en una
serie de pautas progresivas donde se comienza por metas más cercanas a las
posibilidades del paciente en ese momento y se avanza hasta lograr el último
objetivo.
Espero
que puedas disfrutar de un cambio.
Muy
atentamente,
Anna
Gil Wittke.
Psicóloga
de la Unidad de Terapia Sexual y de Pareja.
Para
más información: info@unidaddeterapiasexualydepareja.com
Tlf.
692 796 859
Un
varón 50 anos , sin ninguna patología física visto por urólogo, el cual no
eyacula: por penetración rara vez y masturbándose el siempre. Además la
eyaculación le produce una tensión muscular en piernas y glúteos que hasta le
duele, ¿qué puede ocurrirle? Gracias.
Si
el puede eyacular cuando se masturba pero no durante el coito, no se trata de
un problema para la eyaculación. Podríamos especificar que es un problema para
eyacular durante la penetración. Existe una disfunción sexual que se llama
“eyaculación retardada”. Esta disfunción es menos conocida y normalmente menos
consultada a los especialistas. La dificultad para el control de la eyaculación
se puede manifestar a través de una ejecución antes de lo deseado “eyaculación
precoz” o mucho más tarde “eyaculación retardada”.
En
la eyaculación retardada puede suceder que esta no se logra o que se da con un
gran esfuerzo y de forma tardía. Esto se suele producir por una activación del
sistema ansioso, por preocupaciones (tales como complacer a la mujer, ser
competente, etc.) y por distracciones que evaden al hombre de las sensaciones
físicas placenteras que le llevarían de forma natural al orgasmo.
Lo
mejor en estos casos es acudir a un psicólogo especialista en problemas
sexuales. El tratamiento que aplicamos en nuestro centro contempla los
siguientes aspectos:
1. Los pensamientos e
ideas que contribuyen a una visión distorsionada del funcionamiento sexual.
2. Las emociones cuya
activación se produce en torno a la respuesta sexual y perturban el
rendimiento.
3. Las conductas,
reaprendiendo la sexualidad de un modo progresivo y más positivo.
Es
importante entender que la eyaculación retardada se produce como consecuencia
de aprendizajes erróneos sobre la sexualidad. Por eso seguir realizando el acto
sexual del mismo modo puede se incluso contraproducente ya que reforzaría ese
aprendizaje. Es necesario comenzar de forma progresiva avanzando en ejercicios
sexuales que disminuyan la ansiedad y en los que el hombre pueda disfrutar y
centrarse en sus sensaciones.
Yo
insisto en que todo en el funcionamiento sexual se realiza poco a poco, es una
conquista que requiere del conocimiento adecuado, de la práctica funcional y de
una gran dosis de paciencia.
Espero
que la respuesta os ayude.
Muy
atentamente,
Anna
Gil Wittke.
Psicóloga
de la Unidad de Terapia Sexual y de Pareja.
Para
más información: info@unidaddeterapiasexualydepareja.com
Tlf.
692 796 859
Pareja: ¿merece la pena?
Una reflexión
sobre las crisis y las rupturas.
Vivimos
en la sociedad del hedonismo, del placer, de la comodidad. Esta realidad
contrasta muchas veces con el sufrimiento inherente a la vida, con los
problemas y dificultades naturales en toda relación.
Desde
mi experiencia como psicóloga y terapeuta de parejas veo que muchas de las
personas que vienen a consulta tienen un denominador en común. Es frecuente
escuchar como la ilusión de lo que ellos esperaban en pareja se ha roto. Esta
decepción entre lo que quiero y lo que tengo genera frustración, confusión y
muchas veces el planteamiento de abandonar la relación en busca de una más
acorde con los deseos y expectativas propias.
La
pregunta con la que muchos se sientan en mi consulta es la de si merece la pena
luchar por ese matrimonio en crisis, si hay algo que hacer cuando los
sentimientos ya no están o al menos no de la misma forma. Se trata de personas
que en su momento se quisieron con intensidad pero que por circunstancias, el paso
del tiempo y otros factores han dejado de sentir lo mismo. El dilema es
importante, la decepción y resignación es grande. Y la aparente solución es
muchas veces la ruptura de la relación. Estoy convencida de que en muchos casos
lo es, sobre todo cuando hablamos de relaciones tóxicas. Pero en otras
ocasiones se abandona la relación por un aprendizaje erróneo de lo que es el
amor. Un aprendizaje que no incluye la tolerancia a la frustración, la pena y
cierto sufrimiento.
Creo
que algo que nos distingue como seres humanos es la voluntad, la capacidad de
escoger. Esta capacidad muchas veces no se ejercita cuando dejamos que sean los
sentimientos los motores de nuestras acciones. En cualquier proyecto a largo
plazo no podemos bastarnos sólo de emociones por muy intensas que estas sean.
Se requiere de otros dos factores, al menos, muy importantes: la voluntad y la
acción. Una relación que quiera sobrevivir a lo largo del tiempo necesitará un
claro compromiso personal y el desarrollo de conductas destinadas a mantener la
decisión. No quiero, con esto, que se interprete que los sentimientos no son
importantes. Lo son, pero si los usamos como única guía en una relación, puede
que no podamos afrontar las crisis más profundas. Estas crisis forman parte de
la naturaleza de una relación amorosa, dinámica y en desarrollo.
El
amor crece cuando nos desarrollamos a nivel individual y alcanzamos de cierta
madurez personal. Amar a alguien es más que la necesidad de recibir, es la
capacidad de dar.
En
conclusión, quizá podamos reflexionar en la utilidad y finalidad de una
relación de pareja con sus crisis inherentes. Es decir, asumir que esos
momentos de dificultad son la oportunidad para fortalecer el amor y para tener
un mejor y mayor aprendizaje personal. Quizá la decepción a la que llegan
muchas personas viene por las expectativas que se tenían de una pareja. Puede
que sea constructivo ajustar esas ideas a la naturaleza de la relación,
aceptando que cuando algo merece la pena quiere decir que es “merecedor” de “penas”
y no sólo de los buenos momentos.
La
pareja es un reto, una aventura y un desafío que produce madurez y riqueza
personal si estamos dispuestos a asumirla con sus altibajos.
Este artículo ha sido realizado por Maria Dolores Garcia, alumna del prácticum de psicología de la Universidad de Murcia en la Unidad de Terapia Sexual y de Pareja. Maria Dolores ha trabajado con nosotros en este último año participando en la realización de cursos, programas de intervención en insitutos y acompañamiento en procesos terapuúticos. Ha sido para nosotros un placer contar con sus aportaciones.
Reflexiones sobre el orgasmo en la mujer:
¿Qué es y por qué creemos que es tan importante?
Se tiene la creencia de que el
orgasmo representa la finalización de una relación sexual. Sin embargo, el
orgasmo solamente es la descarga de toda la energía acumulada durante la relación
sexual. Se le da tanta importancia debido a factores sociales o a mitos. Algunos de ellos son tales como que hay que complacer al hombre, tenemos que disfrutar al
máximo de una relación sexual y eso solo se consigue mediante el orgasmo, etc.
Todos estos mitos no hacen más que agravar los posibles problemas que podamos
tener respecto al orgasmo.
¿Qué ocurre durante el orgasmo?
Durante nuestras relaciones sexuales
lo que hacemos es excitar nuestro cuerpo. Esto se manifiesta tanto física como
psíquicamente. Físicamente podemos observar como los pechos de la mujer se
vuelven más tersos, los genitales se entumecen, la vagina se lubrica y se
extienden sus músculos. A nivel psíquico se experimenta una forma de intimidad
más profunda y se crea confianza con la pareja.
Todos los cambios físicos descritos
en el párrafo anterior llevan a la mujer a sentir la denominada congestión
pélvica, en la cual la mujer siente una agradable presión por todos los vasos
sanguíneos que recorren la pelvis debido al aumento de sangre en esa zona. El
orgasmo sería la “descongestión”, la manera que tiene el cuerpo de decirnos que
se ha sobrecargado y que toda esa sangre está volviendo rápidamente a su lugar
de procedencia. Esta es una sensación muy placentera en la que la mujer se abandona
a los impulsos sexuales.
Disfrutar la sexualidad:
Como ya he mencionado anteriormente,
los orgasmos no lo son todo en el sexo. Tanto las mujeres que no tienen
problemas para alcanzarlo como las que presentan dificultades tienen que tener
clara esta premisa: hay infinidad de formas por las que obtener placer sexual,
divertirse y pasarlo bien con ello, porque al fin y al cabo el objetivo de una
relación sexual no es el orgasmo.
Origen de los problemas para alcanzar el orgasmo:
Si eres una mujer que tiene
dificultades para alcanzar el orgasmo es importante que conozcas los diferentes
factores que originan este problema, entre los cuales se pueden destacar:
Ø Factores de origen orgánico: podemos encontrar en ellos el embarazo, la
menopausia, el envejecimiento, etc.
Ø Factores de origen patológico y medicamentoso: aquí se engloban todas
las enfermedades y los medicamentos que afectan o alteran la respuesta sexual.
Ø Factores de origen social y psicológico:en este grupo se encuentran la
falta o mala educación sexual, el concepto de “pecado”, vergüenza, culpa,
fobias, mala relación de pareja actual o pasada, ambiente familiar alterado,
estrés, sentimientos negativos hacia el propio cuerpo, problemas de autoestima
, etc.
Ø Deformidades en los genitales.
Si es un problema
que te preocupa demasiado puedes consultarlo con tu médico de cabecera. Te
ayudará y aconsejará para encontrar una solución.
La importancia del autoconocimiento:
Hay una parte muy importante en todo
este asunto que no he mencionado antes y se trata del autoconocimiento que la
mujer que tiene estas dificultades debe iniciar. Esto no solo es importante
para la mujer con este problema, también lo es para la que no lo presenta y
para todos los hombres, pero por motivos más físicos que sociales, el hombre
tiene sus genitales fuera de su cuerpo y para él es mucho más fácil explorar y
curiosear con ellos desde que es un niño. En cambio, la mujer los tiene
escondidos y es mucho más difícil que se toque y que explore su zona genital.
Es por esto y por otros factores
sociales, que muchas mujeres ya adultas aún no conocen como funcionan sus
genitales, ni conocen que cosas o en que lugares les gustan que las acaricien.
Por ello es recomendable que realices un pequeño ejercicio; coge un espejo y
mira como son tu genitales, explora y curiosea todo lo que quieras, toca y
sabrás en que partes te parece más agradable o en que partes no te gusta
tocarte. Es aquí donde se presenta la importancia de la masturbación, si ya
sabemos donde nos gusta tocarnos y donde no podremos emprender el camino hacia
el orgasmo.
El arte de amar: estrategias para el éxito amoroso.
martes, mayo 29, 2012 Author: Anna I. Gil Wittke
Sabemos que no hay una fórmula única y suficiente, pero si el amor crece,
entendemos que hay formas de que este crecimiento sea positivo. Recopilando
ideas de diferentes autores como J. Gottman, J. Gray, J. Araguàs, I.
Menenendez, etc., vamos a dar algunas pautas para que el amor dure y sea
satisfactorio. Estas estrategias se dividen en las tres áreas del triángulo del
amor de Stemberg. Junto a cada idea para lograr el éxito amoroso la antítesis
que puede llevarnos a la frustración.
• Conocimiento
vs. idealización.
Conocimiento de uno mismo, de sus virtudes y carencias. Cuando entendemos
que somos valiosos podemos acercarnos al amor de otra manera, dispuestos a dar
y disfrutando de lo que recibimos sin exigirlo. Conocernos también nos ayuda a
entender nuestros límites y carencias, de forma que evitemos proyectar en el
otro nuestros conflictos no resueltos.
El conocimiento del otro se consigue con el tiempo y con la atención en lo
que vemos y no en lo que creemos que debe de ser. Alguien dijo que poco tiempo
en una relación equivale a poco amor. De esta manera podemos entender que el
amor se relaciona con el conocimiento del otro. Este conocimiento incluye
virtudes y defectos. En lugar de un amor ciego, hablaríamos de un amor con los
ojos abiertos de forma positiva.
•
Aceptación
vs. exigencias.
Aceptar no es lo mismo que resignarse. Aceptar es lo contrario a rechazar.
Es reconocer la realidad, en este caso, sería reconocer como es la otra persona
y aceptar sus limitaciones. Cuando en una pareja no hay aceptación, surge la
exigencia del cambio. Esta exigencia es vivida como rechazo por parte del
cónyuge.
•
Comunicación
constructiva vs. distancia o rechazo.
Comunicación de sentimientos y deseos de forma positiva. Es decir, es
comunicarse transmitiendo el deseo sin recriminaciones. La distancia emocional
es una forma de comunicar el malestar en la relación. Ante la crisis muchos
optan por tomar una posición distante, por dejar de confiar y comunicar. En
realidad no es una solución sino una estrategia evitativa que empeora la
situación. Dentro de la comunicación, la crítica puede tener lugar sin llegar a
ser una grieta para la relación. La crítica constructiva es aquella que se
centra en la mejora y no en el rechazo total. La crítica que ayuda al otro a
rectificar es la que habla de comportamientos concretos sin generalizar a la
persona. La acusación y crítica del otro no funciona sino que deteriora la
intimidad. Incluso si se produce un cambio de esta manera, podría ser un cambio
superficial y no sustancial.
Compromiso:
•
Proyección
vs. pérdida de objetivos.
En el momento en el que uno pinta su futuro junto al que ama, uno realiza
conductas que le lleven a ese objetivo. El compromiso aumenta cuando podemos
pensar en consecuencias a largo plazo. En este contexto los esfuerzos tienen
sentido porque se busca el beneficio que sirva para una mejor relación a largo
plazo y no sólo el placer inmediato.
Otra forma de proyección más observable son las actividades en común, estas
generan un espacio de desarrollo de la pareja. Estas actividades pueden ser
proyectos o hobbies. Algunos proyectos de la pareja son el matrimonio, tener
hijos, comprar una casa, realizar un viaje, etc. La pareja con metas es una
pareja con motivación. El equipo se une ante objetivos en común.
Pasión:
•
Deseo vs.
inapetencia sexual.
El comienzo de la vida en pareja suele coincidir con una mayor excitación y
un aumento de ansiedad. Estando enamorados esto se traduce en una mayor
frecuencia de actividades sexuales. Esta etapa de la relación es muy
satisfactoria y genera un antes y un después. El problema, es que esa primera
fase es muchas veces el punto de partida con el que se medirá el resto de la
relación en lo que a pasión se refiere. Muchas veces la pareja se queja de su
disminución en los encuentros sexuales simplemente porque los compara con el
inicio. Puede que la medida sea precisamente al revés, que lo “más normal” no
era el inicio sino la estabilidad de la que gozan después como amantes. De
cualquier modo, la pasión que uno experimenta es subjetiva y tiene que ver con
diversos factores, puede aumentar o disminuir de forma considerable.
La fantasía: es uno de los
mejores afrodisíacos para la pasión. La fantasía no es más que la imaginación o
recuerdo de un deseo sexual o sensual.
Planificación de relaciones: qué vamos a hacer y cuándo. Muchas personas creen que si
planifican, el sexo, ya no va a ser igual o que incluso va a ser algo mecánico.
Lo cierto es que de algún modo, planificamos incluso nuestro tiempo de ocio.
Las cosas no salen peor porque se planifiquen, puede que incluso mejoren.
Expresiones afectivas: las palabras y los gestos son una forma de cultivar el
deseo. Ante la costumbre uno puede dejar de expresar el afecto con la misma
intensidad y frecuencia. Incluso puede convertirse en algo monótono “un beso
por la mañana y otro cuando llegas de trabajar”. El afecto es una forma de
mostrar al otro que lo amamos y deseamos. Si la otra persona no se siente
querida puede que experimente dificultades para sentir pasión.
Entendemos que la persona en pareja tiene por lo menos tres roles a
desarrollar según estas tres áreas:
•
El rol de
amantes: en la pasión.
•
El rol de
amigos: en la intimidad.
•
El rol de
equipo (pareja, padres, trabajadores, etc.): en el compromiso.
Si el amor es un arte, además de motivación y conocimiento, se requiere
tiempo y práctica. Es de valientes abrirse al amor como algo vivo y en
desarrollo, como una construcción que nunca termina pero que siempre puede
mejorar, de la que siempre se aprende.
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