Ser o no ser fiel, esa es la cuestión.



Un hombre me confesaba en consulta que se sentía terriblemente angustiado. Llevaba siendo infiel a su mujer desde hacía seis meses. No sabía que hacer. El la había querido mucho y se caso con ella completamente enamorado. Pero desde hacía un año comenzaron a tener problemas sexuales, habían perdido el deseo sexual y no lograban recuperarlo. Al cabo de un tiempo, conoció a una mujer que provocaba en él un deseo sexual y una atracción que, según él, nunca antes había conocido. En el momento de venir a terapia se siente confuso. Sabe que aún quiere a su mujer y cree que podría tratar de recuperar la relación. Pero me comenta: “si dejo de ser infiel y no estoy satisfecho con mi mujer, temo que pasado un tiempo vuelva a estar en la misma situación”.

Frank Pittman asegura, en su libro Mentiras privadas, que la infidelidad es la experiencia más temida y más devastadora en una pareja. De hecho, es la causa de divorcio mundialmente más aceptada. Pero, ¿por qué sucede? ¿Somos infieles por naturaleza? ¿Es el matrimonio meramente una quimera? ¿Son nuestros instintos los que nos llevan a ser infieles?

Se habla poco sobre la infidelidad, quizá por miedo o por desconocimiento. Parece que es un tema del que no se quiere saber y que si existe -y desde luego existe-, se prefiere no conocer. La realidad es que son muchas las personas que acuden a consulta con preguntas de este tipo. Por eso, creo conveniente, en esta ocasión, una reflexión más profunda y esclarecedora.

Voy a tratar cinco mitos sobre la infidelidad:

La infidelidad se produce porque un matrimonio tiene problemas.

Si pensamos que la pareja es aquella que debe suplir todas nuestras necesidades y responder a todas nuestras expectativas, no importa con cuantas personas estemos, todas serán relaciones de frustración y continua tensión.
Si ser infiel es el resultado de los problemas en la pareja, entonces, todos aquellos que tengan problemas en su relación serían infieles. Pero no es así. La infidelidad se puede producir cuando un matrimonio tiene problemas, pero esta decisión empeora, y no mejora, una relación.
Cuando uno se siente insatisfecho tiene varias opciones: tratar de solucionar los problemas por sí mismos; pedir ayuda, quizá terapia de pareja; o incluso abandonar la relación y comenzar una nueva.

No es natural estar en pareja.

La pregunta que les haría a quienes piensan así es ¿por qué se comprometen? Cuando aceptamos un compromiso de relación sea como novios, pareja de hecho o cónyuges, estamos aceptando una relación exclusiva con esa persona y excluyente de otras. El problema de la infidelidad no es una cuestión de naturaleza sino de elección y traición. La infidelidad consiste en que yo asumo un compromiso de estar con un hombre o una mujer y lo traiciono con otra persona.

En cualquier otra área de la vida y de las relaciones entendemos que las traiciones son perjudiciales y evitables. Pero parece que cuando hablamos de amor o sexo la traición se relativiza.

No se puede luchar contra los impulsos, no se puede evitar ser infiel.

Por supuesto que sí, de lo contrario no nos serviría de nada tener voluntad y razón. De hecho, cada día tenemos impulsos y no siempre nos dejamos llevar por ellos. Por ejemplo, uno puede sentir la necesidad imperiosa de comer una tableta de chocolate, todos los días, y si no lo hace es porque valora otras razones por encima de sus deseos. Podemos tener el impulso de agredir a un jefe autoritario y no lo hacemos (por lo general), porque pensamos en que las consecuencias de ese acto no son deseables. Es decir, cada día nos vemos en la tesitura de decidir, de valorar las consecuencias de nuestros actos a corto y a largo plazo. Somos seres volitivos más allá de tener instintos o deseos. El instinto o el deseo sexual puede ser una justificación válida para muchos sobre la infidelidad, pero no es una explicación real ni suficiente, porque no se tienen en cuenta otros aspectos del ser humano.


La monogamia es antinatural y por eso se produce la infidelidad.

La infidelidad en la relación amorosa no es tanto una cuestión de monogamia o poligamia. En las culturas polígamas también se considera infidelidad la relación sexual o amorosa que se establece con miembros externos a los que han sido previamente acordados. La infidelidad consiste por lo tanto en romper el acuerdo que se ha establecido en la relación amorosa traicionando la confianza de ésta.

Las secuelas inevitables de una “aventura” son el divorcio o la separación.

No necesariamente. La infidelidad, una vez descubierta, genera una crisis de pareja. Con las crisis se puede empeorar como matrimonio, pero también se puede mejorar si se quiere y se sabe cómo. Se trata de superar los problemas que ya se tenían antes más los nuevos que se han creado. Se trata de aprender a perdonar y a reconstruir la confianza.

Nunca está todo perdido cuando dos personas que se aman deciden aunar esfuerzos y, si lo necesitan, buscar la ayuda de un especialista. Siempre se puede mejorar, siempre se puede aprender, siempre se puede escoger. Ser o no ser fiel es una cuestión que se responde desde la voluntad.



Espero que la reflexión haya servido. Para cualquier duda o comentario puedes escribirme a: info@unidaddeterapiasexualydepareja.com


2 comentarios:

Anónimo dijo...

No puedo estar más en consonancia con lo que han escrito, es verdad que las relaciones de pareja son difíciles y llevan su trabajo, pero a quién no le gusta que lo quieran, mimen, cuiden, etc..., pero si es verdad, que las infidelidades no se dan sólo en el ámbito de pareja, si lo hace un amigo o un familiar, también duelen mucho y la confianza en esa persona, o no se recupera, o queda muy deteriorada.

Anónimo dijo...

Hola, tengo una pregunta, sabes si cuando los problemas son muy intensos y frecuentes, ¿sirve de algo una terapia de pareja ?

Publicar un comentario